Mi hijo quiere dejar la música

Hoy he estado hablando con la mamá de una niña encantadora y me comentaba que quería dejar el violín. Esta niña tiene 10 años por lo que ya tiene criterio para decidir qué quiere hacer con su tiempo libre y si quiere o no continuar estudiando música. Como no es alumna mía solo puedo hablar con ellas y sacar algunas conclusiones.

Lo primero que he pensado es que si un alumno quiere dejar la clase no tiene por qué ser culpa de nadie. Muchas veces los profesores pensamos en qué hemos podido hacer mal para que un alumno lo deje y en la mayor parte de los casos la repuesta es «nada». Otras veces vienen los padres preguntándose qué han hecho mal ellos o si han presionado mucho al chico para que practique y la respuesta también suele ser «no, nada». Simplemente ha decidido que no le apetece seguir pasando el tiempo aprendiendo música. Que quiere hacer la misma vida que el resto de sus compañeros de clase. Además, teniendo en cuenta que solo una pequeña parte de los niños que comienzan a estudiar música acaban siendo profesionales, lo normal es que antes o después se vayan descolgando.

Aún así hay algunas cosas que podemos hacer para intentar mantenerlos. Lo primero es buscar la motivación por otros lados, hablando con el profesor encontraremos diferentes posibilidades para el alumno, como por ejemplo comenzar a ir a la orquesta, o hacer un grupo de cámara. Tocar en conjunto con otros compañeros es muy divertido, hará otros amigos y quizá así le apetezca continuar con el instrumento.

Hablar con ellos de la causa del desinterés nos ayudará a orientarlos en el camino adecuado. Quizá solo sea que prefieren estudiar otro instrumento. También podemos negociar con ellos para que terminen el curso en el que se encuentran. Pero recordad que negociar no es imponer. Y desde luego, nunca obligarles a practicar en casa, y menos cuando están pensando en dejarlo. La obligación solo adelantará la decisión de dejar la música.

Y al final, sea cual sea la decisión tomada, respetadla. Si no se van con un mal sabor de boca, siempre queda la posibilidad de que decidan regresar.

¿Estáis en esta situación? Escríbeme en los comentarios, a micorcheachiquitita@gmail.com o en el formulario de contacto.

0 comentarios en «Mi hijo quiere dejar la música»

  1. Hola, estoy convencida de que la música aporta montones de beneficios académicos. Mi hija sin saber porqué ya que en su entorno no hay cultura musical, me pidió aprender a tocar el violín, yo le dije que sí pero que si empezaba debía tomárselo más en serio que otras actividades. Apoyo todo lo que necesita y es para mi importante que no abandone. Dices en el artículo que no los obliguemos a ensayar en casa pero en cambio sus profesores me dicen que hay que obligarlos ya que por naturaleza al compararse con otros niños prefieren jugar o ver la tele a ensayar. Ella se encuentra en ese momento, solo lleva un año está en 5° y dice que no tiene tiempo. Agradezco consejo de que hacer para que continúe ya que cuando le pregunto si le gusta me dice que si pero que le quita tiempo. Ella no se da cuenta pero desde que está en música ha perdido la vergüenza escénica que tenía a hablar incluso en su propio clase con compañeros con los que lleva desde los 3 años.

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    • ¡Hola Ana!
      La música, como bien dices, tiene muchísimos beneficios en todos nosotros y muy particularmente en los niños que la estudian. Ayuda a sociabilizar con otros niños, genera nuevas conexiones en su cerebro. Hay muchos artículos sobre estos temas que si te interesan te puedo mandar.
      Es cierto que es una actividad que requiere más atención que otras, ya que conlleva varias asignaturas a las que hay dedicar tiempo en casa. También es cierto que los niños prefieren no practicar, porque jugar es mucho más divertido, pero sigo opinando que obligarles no funciona.
      A mí de pequeña me obligaban a estudiar porque mis profesores así recomendaban. Me quedaba encerrada una hora en mi cuarto practicando. La sensación que yo tenía era de estar castigada mientras los demás jugaban. Y no, no estudiaba: perdía el tiempo, tocaba cosas que ya me sabía para que mis padres oyeran «ruido» y no pensaran que no estaba haciendo nada. Y tocar me gustaba, y estudiaba en el conservatorio porque yo quería, pero desde luego no así.
      A los padres de mis alumnos les digo algo parecido a lo que a ti te dicen, pero obviando la palabra «obligar». Me resulta más interesante utilizar «animar» y un recurso que funciona muy bien con niños de 10 u 11 años es pedirles que nos enseñen qué han aprendido en clase. Si te muestras interesada por sus avances ella seguramente te querrá enseñar las cosas que aprende y lo bien que las hace. Si con este recurso conseguimos que toquen 20 minutos al día en el curso en el que ella se encuentra será suficiente y conforme vaya avanzando tendrá inquietud por tocar más rato.
      O quizá no tenga nunca inquietud por tocar más rato y, atendiendo al alto porcentaje de niños que acaban dejando la música, es posible que al final decida no seguir. Pero, de verdad, no creo que obligarla vaya a hacer de ella un músico, al menos no un músico feliz.

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        • ¡Hola Cristina!
          Piensa que mientras está tocando canciones que ya sabe al menos está tocando (que es más de lo que otros niños de su edad hacen). En mis clases, sobre todo con alumnos tan jóvenes, lo que hago es un sándwich: primero tocamos algo que conoce, después algo nuevo, y para terminar otra cosa que conoce (que elige el alumno).
          Así empezamos con buen pie, suelen mostrar más interés para aprender y terminamos contentos.
          Escríbeme si quieres al mail micorcheachiquitita@gmail.com contándome un poco más del niño y pensamos un plan para animarlo

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  2. Yo tengo ahora ese dilema. Mi hija justamente va a cumplir 11 años. Ya tiene cierto criterio, como bien dices en tu artículo, para saber lo que quiere o no quiere. Acaba de empezar segundo curso elemental en el conservatorio y ya quiere dejarlo. No quiere seguir. Yo veo que no puedo ya “negociar” con ella para que continúe o practique y estudie en casa, cosa que el año pasado más o menos conseguí, aunque he de decir que también me costó.
    Lógicamente, la exigencia es cada vez mayor, pero parece que se haya venido abajo casi antes de empezar. Y no sé si puede deberse también a otro tipo de problemas que está viviendo en el colegio, que al final también le afectan.
    Tengo miedo de haber sido muy exigente con ella y que eso la esté haciendo infeliz, y por otro lado tengo miedo de no ser lo suficiente dura como para que al menos, intente terminar lo que ha empezado, aunque sea sólo este curso. No quisiera que en el futuro me llegara a echar en cara que no le insistí lo suficiente para continuar.
    Si bien es cierto que ella nunca quiso al 100% asistir al conservatorio y que parece que prefiera hacer otras cosas antes que tocar. Mi objetivo con ello siempre fue que hiciera algo que le implicara un esfuerzo, que le enseñara que debe esforzarse cada día para lograr algo. Y en cambio, sí he llegado a verla disfrutar con el instrumento en ocasiones. Y para los profesores es una pena porque dicen que ella “puede” y es capaz de tocar muy bien. Pero claro, no quiere.
    Por otro lado es una niña con cierto miedo escénico y mucha timidez, cosa que también tenía como objetivo que salvara gracias a esto. Pero claro, tampoco es una niña que le guste demostrar lo que es capaz de hacer, es decir, no presume y no compite. No sé, está actualmente con mucho desinterés y pasotismo, especialmente desde que empezó este curso. Y eso que en verano llegó a asistir a algunos cursos, y lo pasó bien tocando en grupo y la vi feliz. Ahora no lo está.
    El profesor en la última clase ya me dijo que así no iba a poder seguir. Y renunciar a la matrícula implica perder el derecho de volver después, o al menos más dificultades de volver.
    No sé qué hacer. Quiero verla feliz, pero… me produce mucha tristeza la situación.

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    • ¡Hola Esther!
      El caso que me comentas es complejo. Y si a eso sumamos cómo se siente ella en el colegio más.
      Quizá os ayudaría sentaros a hablar, que ella exprese cómo se siente con el conservatorio, si es que se aburre, si quiere hacer otras cosas o si, simplemente, no le gusta y a partir de esa conversación se pueden buscar opciones para que continúe estudiando violín.
      Sin conocer a fondo la situación se me ocurren algunas soluciones: buscar una orquesta juvenil donde pueda ir a tocar, cambiar el conservatorio por una escuela de música o profesor particular para que pueda ir más «a su marcha».
      Sigo pensando que obligar es contraproducente y que ellos deben aprender a hacerse responsables de sus decisiones.
      La niña del artículo, que ya no es tan niña, dejó el violín, sin dramas. Y este año ha vuelto. Siempre hay una pequeña esperanza.
      Escríbeme a microcheachiquitita@gmail.com y podré ayudaros mejor con vuestro caso.

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  3. A mí mi madre me obligó a ir a música desde los 7 años hasta los 17, es decir 10 años!!, 10 años de tortura, de no hacer amistades,de que las niñas de mi edad que iban me rechazaran, de ir a ensayar a disgusto,estar en los descansos y certámenes sola y pasar horas muy incómodas al no aceptarme la gente de mi edad; hoy en día no se ni cómo aguanté tanto,además fue una actividad que ni me planteé ir, mi madre me la impuso. El caso, que eso me perjudicó bastante en mi vida adulta, me hizo no saber lo que quiero y tener miedo a apuntarme a nada, asi como pasar de ser una persona extrovertida como mis padres a ser alguien extremadamente tímido. Cada vez que me acuerdo el tiempo que perdí y lo mal que lo pasé, me entra muchisima tristeza y lo tengo bien claro con mi hija, si ella se apunta a algo y no le gusta o se lo quiere dejar a mitad, no la pienso obligar ni discutir, el dinero que me pueda gastar, viene y va!

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    • Qué horror lo que nos cuentas, Lilia. Nunca, nunca, nunca hay que obligar a un niño a hacer ninguna extraescolar que no quiera hacer. Me da muchísima pena que el recuerdo que tienes de la música sea tan terrible, cuando es algo que puede dar tantas alegrías.
      Muchas veces los padres quieren que sus hijos hagan todo aquello que ellos no pudieron hacer, cuando me encuentro casos así en mi clase animo a esos padres a comprar un instrumento propio y a que se pongan a estudiar. Porque desde luego su necesidad no debería pasar por encima de la necesidad de su hijo.
      Espero que en el futuro puedas empezar a disfrutar de la música y puedas aprovechar todo lo que estudiaste junto con un grupo de colegas que sí merezca la pena.

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